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1 Corintios · Sagradas Escrituras (1569)

1 Corintios 7

1¶ En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer.

2Mas por <I>evitar</I> las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.

3El marido pague a la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido.

4La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido; e igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.

5No os defraudéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de <I>mutuo</I> consentimiento, para ocuparos en ayuno y oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.

6Mas esto digo por permisión, no por mandamiento.

7Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios; uno a la verdad así, y otro así.

8Digo, pues, a los por casar y a los viudos, que bueno les es si se quedaren como yo.

9Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.

10¶ Mas a los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor; Que la mujer no se aparte del marido;

11y si se apartare, que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer.

12Y a los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer incrédula, y ella consiente para habitar con él, no la despida.

13Y la mujer que tiene marido incrédulo, y él consiente para habitar con ella, no lo deje.

14Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer (fiel), y la mujer incrédula en el marido (fiel); de otra manera ciertamente vuestros hijos serían inmundos; pero ahora son santos.

15Pero si el incrédulo se aparta, apártese; que el hermano o la hermana no está sujeto a servidumbre en semejante <I>caso</I>; antes a paz nos llamó Dios.

16Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salvo a <I>tu</I> marido? ¿O de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salva a <I>tu</I> mujer?

17¶ Sino que cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así ande; y así ordeno en todas las Iglesias.

18¿Es llamado alguno circuncidado? Quédese circunciso. ¿Es llamado alguno incircuncidado? Que no se circuncide.

19La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de los mandamientos de Dios.

20Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella se quede.

21¿Eres llamado <I>siendo</I> siervo? No te dé cuidado; mas también si puedes hacerte libre, procúralo más.

22Porque el que en el Señor es llamado <I>siendo</I> siervo, liberto es del Señor; asimismo también el que es llamado <I>siendo</I> libre, siervo es del Cristo.

23Por precio sois comprados; no os hagáis siervos de los hombres.

24Cada uno, hermanos, en lo que fue llamado, en esto se quede para con Dios.

25¶ Pero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy <I>mi</I> parecer, como <I>hombre</I> que ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.

26Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia, por lo cual bueno es al hombre estarse así:

27¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estáis suelto de mujer? No procures mujer.

28Mas también si tomares mujer, no pecaste; y si la virgen se casare, no pecó; pero aflicción de carne tendrán los tales; mas yo os dejo.

29Pero esto digo, hermanos, que el tiempo es corto; para los demás es, que los que tienen mujer sean como los que no la tienen,

30y los que lloran, como los que no lloran; y los que regocijan, como los que no regocijan; y los que compran, como los que no poseen;

31y los que usan de este mundo, como los que no lo usan <I>como si fuera propio</I>; porque la apariencia de este mundo se pasa.

32Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas que <I>son</I> del Señor, cómo ha de agradar al Señor;

33pero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar a <I>su</I> mujer.

34Hay diferencia entre la mujer casada y la virgen, La <I>mujer</I> no casada tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu; mas la casada tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar a <I>su</I> marido.

35Esto, sin embargo, digo para vuestro provecho; no para echaros lazo, sino para lo honorable, y para que sin impedimento os sirváis al Señor.

36¶ Mas, si a alguno parece cosa fea en su hija, que pase ya de edad, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; cásese.

37Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija, bien hace.

38Así que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor.

39¶ La mujer <I>casada</I> está atada a la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es; cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.

40Pero más bienaventurada será si se quedare así, según mi consejo; y pienso que también yo tengo <I>el</I> Espíritu de Dios.

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